Ánimos alterados
Suelen aparecer siempre que se saca a la palestra el tema de las creencias. Indefectiblemente. Lo que no termino de entender es por qué sucede esto.
Los seres humanos emitimos creencias todos los días. No creencias profundas y universales, sino algo más básico, definido por la RAE como "Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos". Muchas veces las situaciones cotidianas dan lugar facilmente a que se otorgue crédito a un hecho, aun sin tener datos suficientes para una completa seguridad. Sentencia del tipo "Creo que Fernando Romay mide 2,14 metros" o del tipo "Creo que era 200 gramos de harina" ejemplifican lo habitual de las creencias.
Sin embargo, la RAE añade una acepción más al término creencia, y acto seguido lo define como "Religión, doctrina". Es decir, cuando se habla de creencias, comúnmente se refiere a estas últimas. Yo incluso añadiría "filosofía" a esa definición, tomada como el conjunto de reglas por las que se define un comportamiento consciente de una persona. Claro, cuando se habla de algo tan profundo cualquier discrepancia que pueda surgir tiene muchas posibilidades de convertirse en una discusión sin freno ni resolución posible.
Las doctrinas de una persona no cambian así como así. No pueden hacerlo porque creo que son unas de las bases de la personalidad. De manera que cuando se cuestiona una creencia, aunque sea de manera respetuosa y cordial, las posibilidades de afrentar a la persona son altas. Muy altas, de hecho. Porque a fin de cuentas se está juzgando una de las cosas que nos hacen ser como somos. Imagino que son necesarias una madurez y una serenidad bastante grandes para soportar las críticas a las creencias propias con una sonrisa en el rostro.
Me dijo un buen colega hace tiempo, con tino, que cuando él criticaba una opinión, juzgaba eso, la opinión, y no a la persona. Es decir que cuando él tilda de tonta una opinión no le está llamando tonta a la persona que la emite. Es un planteamiento que me gusta y que considero muy correcto, pero que por desgracia no es demasiado aplicable en las discusiones sobre creencias. Lo que se juzgan en esas discusiones no son opiniones, sino a las propias personas. La intención es buena, pero el resultado es siempre bastante desalentador.
Aún no he conocido a nadie que carezca de doctrinas.
Algunas de nuestras doctrinas tienen un origen religioso, sin duda, sin importar que hayan evolucionado y dado lugar a algo completamente diferente. Pero aún no he conocido a nadie que haya estado o esté fuera de la influencia de las religiones. Aunque sea para condenarlas y para luchar contra ellas.
Es por eso que cuando se atacan las creencias de algunas personas cercanas a mí me pregunto si me he perdido algo, si hay algún fallo en mi razonamiento. Porque las doctrinas de las personas que conozco no son nada destructivas. No conozco a nadie (creo) que piense que esté bien hacer explotar una bomba dentro de un autobús escolar, ni que piense que es necesario pasar a cuchillo a todos los surafricanos. No, son gente sencilla que se dedica a vivir su vida, a intentar llevarla sin demasiadas complicaciones, y que aspira a ser feliz. Las doctrinas de un amigo mío que sea muy católico no entran más en conflicto con otro amigo mío que sea ateo, o no deberían. Ninguno le está robando el pan al otro, ni se está tirando a la novia del otro, ni está vejando a la familia del otro. No lo entiendo. Es afán de hacer daño porque sí.
No sé... a lo mejor el hecho de aceptar que existen otras maneras de ver el mundo es más complicado de lo que parece. Porque la cosa es que yo solamente tengo la mía y por lo tanto debo esforzarme para intentar ponerme en otra piel.
Ah, vale, ahora lo capto XD.
Esto del blog es maravilloso para poner orden.
Cuando la doctrina de alguien que se cruce en mi vida afecte a ésta de forma sensiblemente destructiva, entonces probablemente estas pacíficas maneras desaparezcan y surja la bestia. Pero mientras tanto... ¿para qué? Aún no he conocido a nadie que desee que a las mujeres les corten el clítoris o que piense que yo, blanco, español y medio calvo, debería estar muerto. El día en que lo conozca ya veremos lo que pasa.
Los seres humanos emitimos creencias todos los días. No creencias profundas y universales, sino algo más básico, definido por la RAE como "Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos". Muchas veces las situaciones cotidianas dan lugar facilmente a que se otorgue crédito a un hecho, aun sin tener datos suficientes para una completa seguridad. Sentencia del tipo "Creo que Fernando Romay mide 2,14 metros" o del tipo "Creo que era 200 gramos de harina" ejemplifican lo habitual de las creencias.
Sin embargo, la RAE añade una acepción más al término creencia, y acto seguido lo define como "Religión, doctrina". Es decir, cuando se habla de creencias, comúnmente se refiere a estas últimas. Yo incluso añadiría "filosofía" a esa definición, tomada como el conjunto de reglas por las que se define un comportamiento consciente de una persona. Claro, cuando se habla de algo tan profundo cualquier discrepancia que pueda surgir tiene muchas posibilidades de convertirse en una discusión sin freno ni resolución posible.
Las doctrinas de una persona no cambian así como así. No pueden hacerlo porque creo que son unas de las bases de la personalidad. De manera que cuando se cuestiona una creencia, aunque sea de manera respetuosa y cordial, las posibilidades de afrentar a la persona son altas. Muy altas, de hecho. Porque a fin de cuentas se está juzgando una de las cosas que nos hacen ser como somos. Imagino que son necesarias una madurez y una serenidad bastante grandes para soportar las críticas a las creencias propias con una sonrisa en el rostro.
Me dijo un buen colega hace tiempo, con tino, que cuando él criticaba una opinión, juzgaba eso, la opinión, y no a la persona. Es decir que cuando él tilda de tonta una opinión no le está llamando tonta a la persona que la emite. Es un planteamiento que me gusta y que considero muy correcto, pero que por desgracia no es demasiado aplicable en las discusiones sobre creencias. Lo que se juzgan en esas discusiones no son opiniones, sino a las propias personas. La intención es buena, pero el resultado es siempre bastante desalentador.
Aún no he conocido a nadie que carezca de doctrinas.
Algunas de nuestras doctrinas tienen un origen religioso, sin duda, sin importar que hayan evolucionado y dado lugar a algo completamente diferente. Pero aún no he conocido a nadie que haya estado o esté fuera de la influencia de las religiones. Aunque sea para condenarlas y para luchar contra ellas.
Es por eso que cuando se atacan las creencias de algunas personas cercanas a mí me pregunto si me he perdido algo, si hay algún fallo en mi razonamiento. Porque las doctrinas de las personas que conozco no son nada destructivas. No conozco a nadie (creo) que piense que esté bien hacer explotar una bomba dentro de un autobús escolar, ni que piense que es necesario pasar a cuchillo a todos los surafricanos. No, son gente sencilla que se dedica a vivir su vida, a intentar llevarla sin demasiadas complicaciones, y que aspira a ser feliz. Las doctrinas de un amigo mío que sea muy católico no entran más en conflicto con otro amigo mío que sea ateo, o no deberían. Ninguno le está robando el pan al otro, ni se está tirando a la novia del otro, ni está vejando a la familia del otro. No lo entiendo. Es afán de hacer daño porque sí.
No sé... a lo mejor el hecho de aceptar que existen otras maneras de ver el mundo es más complicado de lo que parece. Porque la cosa es que yo solamente tengo la mía y por lo tanto debo esforzarme para intentar ponerme en otra piel.
Ah, vale, ahora lo capto XD.
Esto del blog es maravilloso para poner orden.
Cuando la doctrina de alguien que se cruce en mi vida afecte a ésta de forma sensiblemente destructiva, entonces probablemente estas pacíficas maneras desaparezcan y surja la bestia. Pero mientras tanto... ¿para qué? Aún no he conocido a nadie que desee que a las mujeres les corten el clítoris o que piense que yo, blanco, español y medio calvo, debería estar muerto. El día en que lo conozca ya veremos lo que pasa.
1 comentario:
Porque a fin de cuentas se está juzgando una de las cosas que nos hacen ser como somos. Imagino que son necesarias una madurez y una serenidad bastante grandes para soportar las críticas a las creencias propias con una sonrisa en el rostro.
Sí, así es. Afortunadamente, llevamos milenios viviendo en una sociedad que nos anima mediante muchos y variados modelos a comportarnos como el tonto de la clase de los subnormales, con la excusa de 'es que yo soy así y no voy a cambiar' o 'es lo que siento y no lo puedo controlar.'
A lo que yo contesto habitualmente: es cierto, eres un mongolo y no vas a cambiar, y es lo que siento y no puedo controlarlo. Además, como te digo lo que siento tengo razón.
¿No es maravillosa la gente?
Me dijo un buen colega hace tiempo, con tino, que cuando él criticaba una opinión, juzgaba eso, la opinión, y no a la persona. Es decir que cuando él tilda de tonta una opinión no le está llamando tonta a la persona que la emite. Es un planteamiento que me gusta y que considero muy correcto, pero que por desgracia no es demasiado aplicable en las discusiones sobre creencias.
Pero es la verdad :)
No lo entiendo. Es afán de hacer daño porque sí.
No necesariamente.
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